El barrio 2 de Abril

 

El barrio 2 de Abril



La historia del barrio que rinde homenaje día a día a través de los nombres de sus calles y bajo el “sentido de pertenencia” de quienes lo habitan.


Las huellas de un pasado reciente marcado por una guerra corta y dolorosa llevaron en 1989, a través del voto de vecinos y vecinas, a elegir al “2 de Abril” como el nombre que lleva el barrio ubicado en la zona noroeste de Mar del Plata sobre la Ruta 2. Más de 500 familias viven allí y con un importante “sentido de pertenencia”, hacen de su día a día un homenaje permanente a los ex combatientes y caídos en la Guerra de Malvinas. A 41 años del conflicto bélico, la historia del barrio y un repaso por sus problemáticas.

En 1970, comenzaron a llegar al barrio Santa Ángela (al límite del 2 de Abril) las primeras familias —recuerda Carlos Rivero, vicepresidente de la sociedad de fomento, para Qué digital—. En aquel momento, década del ‘80, el centro del barrio (hasta aquellos años sin habitar) comenzó a poblarse exponencialmente y a generar, de a poco, las primeras “uniones vecinales” que hicieron posible instalar la conexión eléctrica y la apertura de calles como uno de los primeros logros del barrio.

“En 1989 se definió a través de un concurso el nombre que iba a llevar el barrio. Se eligió entre los tres nombres que fueron los más votados en la primera instancia: Santa Ángela, Santa Catalina de Siena y 2 de Abril. En ese momento estaba muy fuerte el tema de Malvinas y ganó 2 de Abril”, cuenta Rivero.


Así fue como comenzó a definirse el mapa del barrio con calles que, en una búsqueda por no olvidar ese pasado reciente, llevan los nombres del Crucero ARA “General Belgrano”, atacado el 2 de mayo por el submarino británico HMS “Conqueror” y hundido en esa misma fecha con un saldo de 323 tripulantes muertos (llevó 1.093 tripulantes a bordo en total), y también de ex combatientes y caídos.

Entre esos nombres, y sobre el que se ubica la sociedad de fomento, aparece el de Rolando Máximo Pacholczuk: el único soldado conscripto enterrado en Mar del Plata y uno de los pocos —según datos de Télam— de Argentina (si no el único) enterrado en el continente.

El 14 de junio de 1982, después de haber resultado herido en combate, Pacholczuk fue subido a bordo del buque Almirante Irízar. Dos días después, falleció en su regreso al continente.

Él murió cuando el barco venía para acá. Vivía acá, en Estación Camet, pero cuando a él le toca la colimba (servicio militar obligatorio) estaba en La Plata. Su mamá fue auxiliar de la Escuela N°3 durante un tiempo. Lo enterraron acá”, recuerda Rivero como una fotografía de la guerra que se llevó, a la fuerza y sin elección, a jóvenes de 19 y 20 años.

El reclamo por la soberanía nacional y contra el colonialismo en las islas se extendió a lo largo del siglo XX hasta 1982. Las tropas argentinas desembarcaron en las Islas Malvinas el 2 de abril y un día más tarde en las Islas Georgias del Sur (aunque los reclamos territoriales argentinos también se extienden hacia las Islas Sandwich del Sur). Durante la guerra, hubo 13 caídos marplatenses mientras que otros 24 fallecieron desde 1983.

Desde el 2000 y hasta la actualidad, se adjudicó por ley al 2 de abril la noción de feriado nacional inamovible y se lo llamó Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas. En ambas fechas, año tras año, el barrio realiza actos en homenaje.

El crecimiento poblacional en el barrio 2 de Abril, según describe el fomentista Rivero, sucedió en distintas etapas. Hoy, prácticamente habitado en su totalidad, siguiendo su relato, quizás sea el sentido de pertenencia de quienes lo habitan lo que lo define y vuelve tan particular.

Calles, murales, comercios, monumentos, la plaza e incluso la campera que muchos de las y los jóvenes del barrio 2 de Abril llevan con orgullo, definen a esa identidad barrial y “sentido de pertenencia” con un claro objetivo en común: no olvidar, hacer memoria sobre el pasado y recordar a los caídos en la Guerra de Malvinas.

Una de las primeras etapas de crecimiento demográfico, afirma Rivero respecto a la historia del barrio, se dio a través del negocio de empresas fraudulentas que, dedicadas a la venta de lotes y bajo publicidades como “casa de fin de semana”, ‘a 8 kilómetros de la playa’, atrajeron a muchos compradores “el 98% de ellos de buena fe, todos laburantes” quienes, en muchos casos, aún no logran escriturar sus casas. Pero más allá de las distintas oleadas poblacionales, Rivero asegura que hoy en el barrio “está todo prácticamente vendido” y que “no hay terrenos, ni para la venta ni para usurpar”.

El barrio 2 de Abril es uno de los 71 que forma parte del Registro Nacional de Barrios Populares (Renabap), una iniciativa que busca la urbanización de asentamientos a través del Certificado de Vivienda Familiar para solicitar el acceso a servicios básicos como la red de agua, cloacas, energía, gas natural o transporte. Para ingresar al Renabap, es requisito que el barrio esté conformado por al menos 8 familias donde más de la mitad de la población no posea título de propiedad del suelo ni acceso regular a al menos dos de los servicios básicos.

Según el registro, hay 418 familias inscriptas como parte del barrio 2 de Abril. Por su parte, de acuerdo a datos de la sociedad de fomento, el barrio posee al menos alrededor de 1.067 terrenos, estima Rivero, y alcanza a más de doble de familias.

A través de ese relevamiento, se proyecta una instalación profesional de agua corriente de un “costo altísimo”, cuenta Rivero, ya que el barrio atraviesa una problemática fundamental: “El 60% del agua que toma Mar del Plata se saca de acá, está lleno de pozos y la presión que tiene el agua te rompe los cueritos de la canilla, los codos te explotan, hay que arreglar permanentemente”.

Según enumera, actualmente una cierta cantidad de familias del barrio 2 de Abril cuentan con gas (algo que se logró a través del trabajo con una cooperativa y luego con un subsidio para extender parte de la obra), agua corriente y conexión eléctrica. En la actualidad (también a través del trabajo cooperativo) las y los vecinos buscan instalar servicios de internet. El barrio, como parte de las condiciones que hacen vivir a muchos y muchas en la precariedad, no tiene red cloacal y los pozos ciegos, asegura Rivero, en su mayoría están desbordados.

En lo que hace al transporte, solo las línea de colectivos 542 o 543 llegan el barrio aunque, reclaman desde la sociedad de fomento, luego de la pandemia muchas de las frecuencias se dejaron de cubrir. Además, los colectivos no ingresan a todo el barrio e incluso para las y los vecinos del asentamiento El Retazo, ubicado a pocos kilómetros del 2 de Abril, la dificultad para llegar es aún mayor.

Como parte de los mayores logros del barrio, en un trabajo articulado por la unión vecinal, aparecen, sin embargo, el Centro de Atención Primaria de la Salud (CAPS), el Jardín N°929, la Escuela Primaria N°79 y la construcción del circuito asfáltico.

“El Consejo Escolar no quería habilitar en una primera instancia la apertura de la escuela. La abrimos a lo guapo. Para lograrlo convocamos a todo el barrio”, recuerda como parte de una premisa que sostuvieron las y los vecinos en aquel momento: garantizar el derecho a la educación. “Entregaron la escuela toda sucia, en obra, pero vinieron familias de todo el barrio a baldear. Veías gente bajando el mobiliario, chicos baldeando, una fila de 6 pibes con el secador limpiando”, describe.

Todas esas acciones, con el paso del tiempo, consolidaron aún más eso que Carlos Rivero define como un “sentido de pertenencia” en todo aquello que hace a quienes habitan un espacio determinado a cuidarlo, entre valores como la solidaridad y empatía, bajo un objetivo en común.

En este caso, el sentido de pertenencia de quienes viven en el barrio 2 de Abril busca conservar su identidad particular trazada, en el día a día, por hacer memoria sobre lo que fue una guerra corta y dolorosa—protagonizada (en su mayoría) por jóvenes sin oportunidad de elección— a través de sus calles, murales, monumentos e, incluso, en los detalles más cotidianos: el nombre de los comercios, el dibujo en el mate o las camperas que llevan con orgullo los jóvenes del barrio.