Mar del Plata, la casa de los lobos marinos

 

Mar del Plata, la casa de los lobos marinos



Una legión de esos mamíferos puede verse en un área del paseo marítimo marplatense, donde cada vez más interactúan con pescadores y turistas.

Por Kaloian Santos


Mar del Plata, en la provincia de Buenos Aires, es famosa por sus playas, su animada vida nocturna y sus deliciosos mariscos. Pero hay otra atracción impresionante en ese balneario de la costa Atlántica conocida como “La feliz”: los lobos marinos.

Y no me refiero al Monumento al Lobo Marino, las esculturas del artista Fioravanti inauguradas en la década del 40 a metros de la playa, en pleno corazón de la ciudad y devenidas cliché fotográfico de todo visitante.

Se trata de una legión de esos mamíferos pertenecientes a la familia de las focas, que es posible ver en un área del paseo marítimo marplatense protegida, precisamente, por ser una reserva de lobos marinos. Están muy de cerca, entre los barcos y la rutina cotidiana de los pescadores. Se los ve nadando, descansando en el muelle, unos encima de otros.

Me cuentan que la especie es conocida como lobo marino de un pelo y llegaron a la región mucho antes de que se construyeran las primeras casas. Fue hace casi cinco siglos. Hay registros de que 1571 el corsario Francis Drake bautizó al actual Cabo Corrientes, sector de la costa marplatense, como “Cabo de los Lobos” por la extensa colonia de estos animales.

Se estima que hoy hay cerca de mil ejemplares en esta área, todos machos. En una época del año los más grandes cruzan hasta las costas de Uruguay para aprearse.

Lo más cerca que había estado de un animal así fue siendo pequeño, en una visita al Acuario Nacional de La Habana, donde me tomaron una foto con la famosa “foca” Silvia, especie de vedette marina del lugar.

Estos lobos marinos son más grandes y robustos, con un cuerpo fusiforme y una piel marrón grisácea gruesa y peluda. Los machos pueden llegar a pesar más de 400 kilos y medir hasta 3 metros de largo, mientras que las hembras son un poco más pequeñas, con un peso de alrededor de 100 kilos y una longitud de hasta 2,5 metros.

Es impresionante la cabeza, la mandíbula fuerte y los dientes afilados. Los ojos son grandes y expresivos. Tienen una excelente visión tanto dentro como fuera del agua. Sus patas traseras son muy fuertes y están diseñadas para el nado, mientras que las delanteras son más cortas y las utilizan para el movimiento en tierra.

A diferencia de otras focas, los lobos marinos tienen la capacidad en tierra de caminar sobre las cuatro, lo que les permite moverse más fácilmente por la costa. Además, son animales sociales y se comunican entre sí mediante una variedad de sonidos. Ladridos, gruñidos y rugidos.

Se alimentan principalmente de sardinas, anchoas, arenques y calamares. Debido a su papel en el ecosistema marino, los lobos marinos son considerados una especie clave para la conservación y el mantenimiento de la salud de los océanos.

A pesar de su apariencia imponente, los lobos marinos de Mar del Plata conviven con los seres humanos. Son sociables y curiosos. En ocasiones algunos ejemplares son encontrados por la callecita del centro comercial del puerto entre cientos de turistas. Uno incluso merodea por los kioscos. Los comerciantes lo han bautizado como Gustavito.

Sin embargo, hay gran preocupación por la proximidad de los lobos marinos. Por una parte, los turistas intentan acercarse demasiado y hacen que se alteren. Por otro, los animales han ido llenando zonas donde atracan y descargan los barcos pesqueros.

En medio de la pandemia de COVID-19, cuando el puerto estaba desolado, apenas con actividad, al menos 300 lobos marinos se instalaron en la banquina del muelle y hasta llegaron a recorrer con frecuencia un par de cuadras hacia la ciudad.


En 2022, Juan Lorenzani, presidente de la Fundación Fauna Argentina, describió un protocolo a largo plazo para reubicar a los lobos marinos.

“Lo que vamos a hacer inicialmente es arriar a los lobos hacia el muelle de la banquina, y una vez ahí hacer que vuelvan al agua. Después trataremos de evitar que vuelvan a subirse, y creemos que si lo hacemos de manera sostenida, van a preferir instalarse en otro espacio”, explicó Lorenzani a Télam.

Detalló, además, que “el arriado se hace a pie, sin más herramientas que aplaudir, silbar o sacudir los brazos, porque tenemos que evitar estampidas o reacciones bruscas de los lobos marinos. Además, como nosotros trabajamos entre ellos constantemente desde hace muchos años, no podemos actuar de una manera que después nos impida acercarnos”.


Estas fotos las tomé hace un par de meses. Los lobos marinos, especie declarada Monumento Natural de Mar del Plata en 1994, a pesar de los intentos de que se desplacen a un área más segura, siguen instalados en el puerto, muy a gusto. A fin de cuentas, están en su casa.