Los arroyos invisibles bajo el suelo de Mar del Plata

 

Los arroyos invisibles 

bajo el suelo de Mar del Plata



La zona de Mar del Plata estaba atravesada por cerca de diez cursos de agua, entre ellos el Del Barco, Las Chacras, Los Patos, Del Tigre y El Cardalito.


Si buscamos un mapa de Mar del Plata en sus comienzos, podemos observar como tres arroyos atravesaban la ciudad, caracterizándola con un paisaje verde y natural alejado del perfil urbano actual. Con el paso de los años, distintas administraciones municipales fueron tomando decisiones y entubando por secciones a estos arroyos, que actualmente corren enterrados bajo el hormigón, a metros de la superficie que transitamos a diario.

Portal Universidad dialogó con Claudia Cutrera, Arquitecta y Docente en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Mar del Plata, sobre los comienzos de la ciudad y cómo hubiera sido si el arroyo aún siguiera su curso natural, a cielo abierto.

Remontándonos en el tiempo, previo a la fundación de la ciudad y con la instalación del saladero el arroyo servía para la limpieza o escurrimiento de los desechos del establecimiento. Todos estos efluentes “iban a parar al agua del mar y ese curso de agua era muy importante a nivel productivo, ya que incluso movía molinos de distinto tipo”, afirmó la arquitecta.

Cutrera aclaró que “históricamente, el hábitat humano ha estado vinculado con los cursos de agua. Si bien podemos desarrollar nuestras vidas en muchos lugares, aun así, el ser humano siempre se instala en sitios donde hay agua por una cuestión elemental de supervivencia”.

Por lo tanto, cuando comenzaron a llegar los primeros habitantes a la zona, tuvieron en cuenta estos arroyos para sus actividades. “La zona de Mar del Plata estaba atravesada por cerca de diez cursos de agua. Ahora no nos damos cuenta porque están entubados, era un paisaje variado y con grandes ventajas para la producción”, declaró.

La docente mencionó tres arroyos: “el que hoy en día está en el puerto, “Del Barco”; el que atraviesa la ciudad, “Las Chacras”; y por último “El Cardalito”, lo que hoy es actualmente el balneario la Perla”.

La zona donde luego se implantaría la ciudad está atravesada por una serie de cursos de agua, de distinta magnitud: el arroyo Seco, El Cardalito, Las Chacras, Los Cueros, de los Patos, Santa Elena, Camet, La Tapera, Del Barco y Del Tigre, que se encuentran en la vertiente norte. Mientras que los del sur son: arroyo Chapadmalal, Lobería, Corrientes, Seco y Las Brusquitas.

En un comienzo “el arroyo Las Chacras y su desembocadura eran entendidos solamente como un paisaje productivo. Mucho tiempo después empezó a verse como un paisaje vinculado al ocio o la recreación, tuvieron que pasar muchos años para ese reconocimiento”, afirmó.

Si bien Mar del Plata es recordada como la ciudad de veraneo por excelencia, tardó un tiempo en conseguir llenar sus playas de turistas y obtener su reconocimiento como paisaje de ocio. “Durante un tiempo convivieron, con cierto grado de conflicto, las actividades productivas y las del ocio, sobre todo de las clases altas que venían de Buenos Aires. El arroyo al aire libre era percibido por esas clases y sus mandatarios locales más como una molestia para el tránsito y una fuente de malos olores que como una posible ventaja paisajística. En principio, era poco agradable, estaba prácticamente encajonado entre barrancas desparejas“, dijo.

El arroyo Las Chacras dividía a la ciudad en dos, “había muy pocas conexiones entre las dos partes. Existían solo tres puntos: uno cerca de donde estaba instalado el molino de Pedro Luro, en la zona de Gascón y Salta, un puente de madera en la actual Plaza San Martín y uno en la desembocadura, donde ahora es la rotonda de la Diagonal Alberdi y la costa”, detalló.

“Había muy pocos puntos de conexión que cruzaban los arroyos. En otras ciudades donde vemos hoy en día cursos de agua transformados en paseos, no son sólo naturales, sino que han sido culturizados de alguna manera, intervenidos por el humano y embellecidos con distintas características”, destacó Cutrera.

Si bien los arroyos fueron entubados, “algunos tramos todavía siguen su curso natural. Algunos permanecen sin entubar en gran parte de sus trayectorias, como el de la Tapera, al norte y el Arroyo Corrientes, al sur. Hubo algunos intentos por hacerlo, pero hasta ahora no se han realizado. Atraviesan distintos barrios de la ciudad, entre ellos, algunos considerados Reservas Forestales Urbanas” aclaró la docente.

¿Por qué se comienza a entubar?

En 1917 se da la primera etapa del entubamiento del arroyo Las Chacras, y la segunda en 1924 con la intendencia de Bronzini. En el caso del arroyo el Cardalito, se comienza en 1920 y se realiza en etapas en los siguientes años.

Cutrera planteó una serie de motivos por los cuales nace la necesidad de entubar, y explicó que “por un lado está lo inmobiliario que es para ganar tierras y por otro algunos problemas de inundación, como así también la necesidad de comunicar partes de la ciudad”.

Ampliando en este último punto afirmó que “si pensamos históricamente, es una época en la que aparece una tendencia a ciudades donde el valor del tratamiento de aguas y la limpieza es muy importante en relación a la salud. En ese momento, quizás había problemas de inundación y desbarrancamiento del arroyo”.

“También muchas veces los cambios producidos en las ciudades dependen de los criterios paisajísticos del momento, que dan como resultado respuestas primero culturales y luego físicas a nivel urbano, y el entubamiento del arroyo responde también a estos criterios”, destacó Cutrera.

Las diagonales que están en la ciudad marcan el curso del arroyo, “la diagonal Álvarez, que está entre Salta y Colón, y Luro y Bolívar. La propia diagonal Pueyrredón, y la diagonal Alberdi Sur y Norte. La traza de estas diagonales no obedece a un criterio geométrico premeditado sino a las distintas direcciones del recorrido del curso de agua, comentó.

¿Cómo hubiera sido Mar del Plata si no se hubiera entubado?

“El invisibilizar las cosas o pasarlas por arriba hace que hoy en día, en algunos aspectos, seamos más reflexivos en relación al paisaje”, declaró la docente en relación a esta pregunta. A su vez, hizo referencia a los antiguos chalets marplatenses que son demolidos y no es preservado su valor patrimonial como un ejemplo del hecho de invisibilizar las cosas.

Cutrera destacó que “el pensar qué hubiera sido es como un karma de la ciudad. Pensamos siempre qué hubiera sido si no se hubieran reemplazado los chalets, el arroyo, los hoteles en la zona de playa Varese. Hay un afán en que viene algo mejor para ciertos intereses, pero no para un interés integral y genuino en beneficio de toda la ciudad”.

Igualmente, afirmó que “el paisaje es una disciplina que abarca varias especialidades, eso nos compromete a pensar el paisaje urbano de un modo integral. De no haberse entubado el arroyo quizás hoy día tendríamos un parque lineal desde tierra adentro hasta la playa más céntrica.

“Pensemos en la zona del barrio Pinos de Anchorena, hasta el centro de la ciudad, imaginemos toda esa cantidad de cuadras y esa zona convertida en un espacio verde, sin ser explotada inmobiliariamente, ¿Quién es el que gana?”, se cuestionó la arquitecta.

Del mismo modo, afirmó que “si se hubiera pensado más desde el paisaje como un hecho integral, su valor hoy día sería mucho mayor. A pesar que Mar del Plata fue perdiendo espacios significativos sigue teniendo un potencial enorme. Aunque algunas cosas son irrecuperables”.

La docente señaló que con una buena planificación se hubiera logrado “conservar las cosas que realmente valían la pena. La ciudad tiene muchas cosas que brindar, que rescatar, pero algunas ya no se pueden, como el arroyo”.

¿Existe la posibilidad de desentubarlo?

Si bien estamos hablando de un recurso natural que ya no se puede recuperar, ¿qué pasaría si se plantea la idea de desentubarlo? Cutrera mencionó que “es más complejo de lo que parece. Aunque siempre imaginé la posibilidad de que el arroyo existiera a cielo abierto.”

Retomando lo dicho anteriormente, la arquitecta señaló que “a veces cuando las cosas son invisibilizadas y es cuestión de hacerlas visibles para embellecerlas. No se dio en ese momento, a principios del siglo XX, debido a la idiosincrasia de la época, pero quizás este es un momento en el cual comenzamos a visibilizar ciertas características naturales de los paisajes que nos rodean”.

Asimismo, “la mayoría de los paisajes que tenemos ya están intervenidos por el hombre, entonces es difícil evaluar cuánto de natural tiene esto y cuanto de antropizado”, comentó.

Haciendo referencia a desentubar el arroyo, explicó que “por un lado está muy tapado por la trama urbana. Hay manzanas enteras construidas sobre el arroyo. Sólo sería posible desentubarlo en aquellos espacios ocupados por lo público, como plazoletas y calles. Por otro lado, actualmente la diagonal no solo tiene entubado el arroyo, sino que también está el desagüe pluvial de un sector de la ciudad”.

Si bien no considera que desentubar el arroyo sea una buena opción, opina que se pueden realizar otras obras que ayudarían al mejoramiento de la ciudad como, por ejemplo, una forestación planificada.

Por lo tanto, detalló que “hay muchos casos a nivel internacional donde se han tomado cursos de agua natural y lo han aprovechado para hacer desagües pluviales con un sistema que limpia el agua para que llegue sin contaminantes al mar o a ríos. Esto sí sería bueno”.